Incondicionales

Cuenta la leyenda que una bella joven de ojos verdes y hermosos rizos dorados debe pasar la noche sola en su casa. Su única compañía es la de su perro, que esta siempre a su lado, un perro fiel, cariñoso, juguetón y mimoso como todo perro suele ser con su amo. Poco tiempo antes de de acostarse se prepara un rico y suave café y se pone a escuchar un rato la radio, no fue muy buena idea ya que ella escucha que un loco peligroso se ha escapado del hospital psiquiátrico. La hermosa joven entra en pánico ya que el hospital psiquiátrico que hacía referencia en la radio quedaba muy cerca de su casa.

La joven muerta de miedo tiene el gran consuelo de saber que su perro siempre estará a su lado y la alertará si pasa algo raro. Efectivamente, el perro duerme al lado de su cama y ella cada vez que sacaba la mano de la cama, éste se la lamía.

La joven paso una mala noche ya que en el transcurso de ella, la chica se despertó al escuchar ruidos extraños que venían del baño. Se asustó mucho pero ella tenia la certeza que si algo estaba por ocurrir su perro se lo iba a hacer saber, pero como no había oído a su perro ladrar se quedo tranquila y siguió durmiendo con total tranquilidad. Tras volver a despertarse en el medio de la noche  y ante la duda de saber si algo estaba pasando, sacó la mano para ver si el perro seguía a su lado y, efectivamente, allí estaba él, que le lamió la mano.

A la mañana siguiente la chica se sorprende mucho al no ver a su perro a su lado, pero pensó que quizás podía tener sed y hambre y estaba abajo, junto a su comida. Decide llamarlo varias veces pero el perrito parece no contestar sus llamados. Sorprendida por la situación va al baño a cepillarse los dientes y se encontró con la peor imagen de su vida, ya que descubre a su perro degollado en la bañera y sobre el espejo, con sangre, había una frase escrita que la dejó aún más aturdida: «Los hombres también sabemos lamer».

 

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